schoolhall

Mi vida consistió en dos etapas: pre-Alejandro Hernández Show y post-show. El Alejandro circa 2006 era un chamo excesivamente delgado, tímido, awkward y socialmente indeseable. Era Charlie en The Perks of Being a Wallflower elevado a 2, sin el atractivo y con un brote de acné. Sin embargo, el yo del show siempre estuvo escondido allí, pero sus inseguridades no lo dejaban salir a flote.

Una de las situaciones que me generaban extrema ansiedad eran las fiestas escolares. En uno de esos momentos de desesperación por querer encajar, tomé una decision valiente. La noche antes de la fiesta final de tercer o cuarto año, pensaba en formas de parecer más atractivo. Fantaseaba con caminar por los pasillos del colegio a-la-Extreme Makeover, deslumbrando a todos aquellos que alguna vez se burlaron de mi apariencia.

Visualizaba los susurros de los jocks y las plásticas mientras les pasaba por el lado, el feeling que sentí al ver aquél capítulo de Mi Gorda Bella saliendo de la piscina con tetas grandes y abdomen plano.

El día de la fiesta cometí el primer error: dejar que mi mamá me diera tips sobre como vestir. Más adelante aprendí la lección: no aceptar fashion tips de tu madre a menos que seas hijo de Carolina Herrera. Opté por una camisa Nike de color rojo, aquellas con el logo lo suficientemente grande como para convertirte en un valla andante.

Mis pantalones eran beige, extremadamente bolsudos para alguien que medía 1 metro 67. Siguiendo los consejos de mi madre, decidí meterme la camisa. Si pudiera hablarle a mi yo adolescente, lo hubiese apuntado con un arma hasta que se sacara la franela. Justo antes de irme, me miré al espejo con la necesidad de hacer algo sobre el crater que era mi rostro. Flashbacks de mis vecinos menores que yo diciéndome “cara de pizza” empezaron a invadir mis pensamientos.

En el baño de mi madre había un pequeño baúl. Nadando en un mar de labiales, encontré un frasco con la palabra “foundation”. No estaba completamente seguro, pero tenía la idea de que eso era lo que necesitaba. Sin leer más, derramé una gran cantidad del líquido en la palma de mi mano y sin mucho titubeo, empecé aplicándolo en mi frente. Minutos después, mi cara era casi prístina. Mi nuevo yo estaba libre de imperfecciones y listo para comerse el mundo.

Al llegar al colegio, sentía como mi presión arterial aumentaba con cada paso. La caminata hacia el salón parecía eterna. Mi mirada estaba centrada en un punto fijo, cuidadoso de no desviar a los lados y ver a todo el mundo fijándose en mí. En la puerta me encontré con F.

F era ese estudiante excesivamente amigable y que a la vez jugaba deportes. Era la perfecta combinación entre nerd y popular, atractivo y feo. Era lo que todo outcast anhelaba ser en secundaria.

“Wow ¿qué te hiciste en la cara?”, preguntó. Sus ojos explorando mi rostro. “Te quitaste todas las pepas”. Mi aumento de autoestima vino acompañado de una constante preocupación sobre que excusa daría para la ausencia de acné. No podía decir que tenía maquillaje. “Me hice una limpieza”, le dije. Asumiendo que F nunca se había hecho una limpieza facial en su vida y por lo tanto incapaz de descubrir mi secreto.

Con todo el terror del mundo, entré a bailar. R era una de las del salon que por alguna razón siempre estaba pendiente de mí, pero yo nunca estuve interesado en ser su amigo. Lo primero que hizo al saludarme fue sacarme la franela. Empezamos a bailar y poco a poco me fui soltando, a tal punto que la ansiedad desapareció por completo.

“No me importa que usted sea mayor que yo” explotaba los altavoces, mi cuerpo se movía con suprema confianza. Gotas de sudor corrían por mi frente y mi espalda, mi nuevo yo por fin había tomado posesión.

Horas después, saliendo sudado y cansado del salón, vi a una de las plásticas mirándome casualmente y secreteando con otras de su misma raza. “Chamo ¿qué te pasó en la cara?”, preguntó. “¿Por qué? ¿Qué tengo?”, le dije, asustado. “Es que pareciera que te hubieses echado panqué”. Ella, junto a su grupo, empezaron a reírse. En ese momento, mi mundo se vino abajo. Aquello que pensaba sería el fin de ser un objetivo fácil, resultó ser exactamente lo contrario.

Si alguna vez han sido humillados, deben saber ese peso o energía que se siente en el pecho. No estás seguro que hacer, si ponerte a llorar, si correr, si decir algo para defenderte. Lo único que se me ocurrió fue decirle que era una crema antiacné que el doctor me obligó a ponerme constantemente.

A partir de ese momento, mis interacciones con el resto de los estudiantes se centraban en que estaba pasando con mi cara. No entendía por que en vez de estar sorprendidos y darme un cumplido, preguntaban que me había pasado. “Te ves así como mariqueado”, me dijo alguien. “¿Te quemaste la cara?”, me dijo otro. “¿Qué te hiciste?”. Sus voces se repetían en mi mente como un eco, cada risa aumentaba mi ansiedad. “¿De verdad esto es lo que pasa cuando hago el esfuerzo de verme bien?” me preguntaba una y otra vez.

Mi padrino fue a buscarme. Al verme la cara, su sonrisa se transformó en una expresión de horror. “¿Qué te pasó, muchacho? ¿Te golpearon? ¿Te pegaste con alguien?”. Yo no entendía lo que estaba pasando, pero lo seguí negando hasta que se quedó tranquilo.

No fue hasta llegar a la casa e ir al baño cuando me di cuenta. Mi exceso de maquillaje se había “derretido”, mi reflejo, una especie de Young Frankenstein, un experimento fallido, o quizás una arepa parcialmente quemada. Todas esas horas “perreando” al ritmo de Pobre Diabla y Gasolina fueron la razón de mi tragedia, o quizás la idea de ponerme base sin tener ni puta idea sobre maquillaje. Todas las interacciones que tuve empezaron a tener sentido. No estaba seguro si reír o llorar, pero no me cabía duda de que nunca más iba a pretender ser alguien que no era.

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5 Comments. Leave your Comment right now:

  1. by Anonymous

    Jajajajajajaja yo en la Universidad queria tener el pelo largo y como lo tenia ondulado (medio chicha) me lo desrizaba y como tenia la cara grasosa me echaba base marico que desastrozo me veia ahora que han pasado los años solo queda burlarse de la vaina, Un abrazo

  2. by Anonymous

    Que estupidez

  3. by Matvir Rivas

    jajajajajajajaajajajajajajaajjaajja marico q peo… todos tenemos algun tipo de complejo y q en algun momento de la juventud paso algo tan espantoso que daban ganas de estar muerto. Normal! Ya despues de varios años, uno solo recuerda y se rie.

  4. Oh boy, que chimbo que esto haya llegado aquí, quiere decir que aun después de tanto tiempo, rondaba en tu cabeza. Espero que expresarlo te haya ayudado, un abrazo!

  5. by Irene Azuaje

    Solo diré esto: be yourself, no matter what they say (sé tú mismo sin importar lo que digan los demás).

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