Biografía

Me di cuenta que mi página web, como la de cualquier persona que muestra su trabajo, no contaba con algo esencial: una biografía. Se supone que aquí debo hablar de mí en tercera persona y pretender que soy interesante y lo máximo, pero no me iré por la vía convencional.

No les diré mi nombre completo, eso lo pueden buscar en Wikipedia. Mi segundo nombre fue producto de un disparate proveniente de la ineptitud de una secretaria que realiza las partidas de nacimiento, y es algo de lo que no estoy muy orgulloso que digamos. Nací en la madrugada de un 28 de noviembre de 1990 en Maracaibo, Venezuela. Mejor conocida como la tierra del sol maldito amada. Eso significa que tengo 23. Era un niño perfectamente sano hasta que a los 3 años me detectaron epilepsia fotosensible. Desde ese entonces, he estado controlándola con un medicamento todos los putos días de mi vida. A los 11 años tuve mi primer contacto con una cámara de video, de esas Hi8 que tenías que dejarle presionado el botón de REC para que pudiera seguir grabando. La emoción que sentí al tenerla en mis manos era algo digno de E! True Hollywood Story. Se me pusieron las orejas rojas, empecé a jugar con los “efectos especiales” que no era otra cosa que tonos sepia y el efecto negativo tipo Playboy, ese que veías sin decodificador cuando era el canal 99 y de casualidad detectabas una teta entre la distorsión de las imágenes.

El problema era que la cámara pertenecía a mi hermana y como pensaban que por ser tan pequeño la iba a dañar, me la arrebataron de las manos el mismo día. Me arreché tanto que mis orejas se tornaron aún más rojas y me puse a llorar. Yo soy gotita de amor. Allí empezó la búsqueda implacable por la cámara. Me la escondían. Me estaban negando mi derecho a crear. Pero no importó, con el tiempo se fueron dando cuenta de que esa era mi pasión. El cine. Hacía mis animaciones cuadro por cuadro que veía en aquél programa de Discovery Kids, La Magia del Cine. Grababa mis “películas de terror”, bastante patéticas, pero que igual sirvieron de experiencia. Aún así, siempre tuve interés por las artes en general, la ciencia, la física teórica y cosmología. Solía tener una fascinación por el espacio. En realidad todavía la tengo. Desde planetas, pasando por agujeros negros y hasta galaxias. Lo paranormal y todo aquello que generaba miedo por el simple hecho de ser desconocido. Me compraron un telescopio, mi parte favorita del día era ver la luna, esperando encontrarme algún día algo moviéndose por ahí. Me la pasaba leyendo libros sobre la creación del universo (soy fiel seguidor de la teoría del Big Bang desde que tengo uso de razón y a pesar de que mis padres me querían meter su teoría creacionista en toda la jeta). Y mi materia favorita era física (la de las fórmulas, no la de los balones), y por supuesto Inglés, el cual siempre tuve facilidad para aprenderlo y lo hice por mi cuenta. En bachillerato era un alumno mediocre. De hecho, lo sigo siendo en la universidad, a pesar de estudiar lo que me gusta. Esto no quiere decir que sea un bruto, no me considero como tal, solo que prefiero que me den una cámara y hacer algo interesante a que me hagan un examen sobre a cuantos cuadros por segundo debo grabar para una escena en cámara lenta, o una exposición a la que absolutamente nadie le va a parar bolas.

Cuando entré a 7mo grado mi promedio era de 18, luego fue en un espiral descendente hasta llegar a 15. En la actualidad, todavía me persigue el 15. Estudié en el Santa Mariana de Jesús, un colegio de monjas el cual me obligaba a hacer cosas que no quería: rezar, asistir a misa y toda esa parafernalia religiosa. No fui muy especial que digamos, no era 100% del grupo de los nerds pero tampoco de los populares. Era un alma que pasaba desapercibida la mayoría del tiempo y que era objeto de bullying esporádicamente. Pero cojones, miren ahora, otros hasta tienen hijos y se han cambiado de carrera 500 veces. Nunca parecía encajar con nadie, pero lo hice eventualmente con pocos, con gente interesante que si valía la pena y no tenía tanta mierda en la cabeza en ese entonces. Escribía historias cortas de suspenso/terror que solo leían mis padres y decían que estaban excelentes pero la verdad es que eran tremenda mierda. Eso lo supe al ir madurando, claro, mientras me reía al ver las portadas diseñadas con WordArt y pasaba aquellas páginas de una narrativa repleta de clichés. Más adelante empecé a experimentar con la música, algunos me decían que tenía una voz decente para cantar pero pensaba que lo hacían para hacerme sentir mejor. Tenía un teclado el cual nunca aprendí a leer notas pero sí a tocar por oído. Componía mis propias canciones. De adulto me mudé a producir ritmos en la computadora. También era fotógrafo por hobby, aprendiendo sobre óptica y encuadre desde los 15 años. Internet ha sido el mejor profesor que he tenido.

Contrariamente a las creencias populares, yo no soy comediante. Humorista, tal vez si. A los 19 años tomé la mejor decisión que pude haber hecho en la vida: crear un guión de comedia y hacerlo con el formato web show. No solo me sirvió de experiencia en cuanto a edición y escritura de guión, sino que logré construir una audiencia que estaba siempre dispuesta a ver mi trabajo, el sueño de todo realizador. La verdad es que además del programa, nunca tuve un interés por la comedia, pero sí recuerdo que entre mis amigos me ponía a hacer esas voces que interpreto en mis episodios y les daba risa. Cuando me entrevistaban me hacían preguntas sobre quién me inspiraba, y mientras ellos esperaban respuestas como El Conde del Guácharo, George Carlin o Laureano Márquez, yo les decía David Fincher, Alfred Hitchcock y Rod Serling. Muchos me preguntan cuál es mi meta. No es hacer stand-up comedy ni un tour nacional con un monólogo. Y de verdad lo siento si esa era la esperanza de muchos, aunque no descarto la posibilidad en un futuro. Mi meta es seguir produciendo cosas cortas y eventualmente llegar a grabar una película.