Cuando empezaron a promocionar The Walking Dead, un poco antes de Halloween de 2010, me llamó mucho la atención. En primer lugar porque era una serie de televisión acerca del apocalipsis zombie, y por ese lado era original. También porque era producida por Frank Darabont, y a mi me gusta todo lo que él ha sacado, incluyendo The Green Mile, The Mist, The Shawshank Redemption… En resumen, TWD prometía. Y así fue. Su primer episodio me pareció excelente y en general toda la primera temporada, siendo mi favorito el final, “TS-19”, sobre todo por la inyección de ciencia ficción que le dieron y terminó pareciendo algo sacado de LOST.

En su segunda temporada, a pesar de tener inicio sólido, se fue en picada desde el 4-5, con la desaparición de Sophia. Los que me siguen en Twitter desde hace años, deben saber muy bien el desprecio que le tengo a esa subtrama. Empezando porque pasaron el 80% de la temporada buscando a un personaje que ni siquiera habían desarrollado lo suficiente. Es decir, a mi me importaba una mierda si Sophia vivía o moría, si la encontraban o no, porque yo, como audiencia, no había cultivado ningún tipo de simpatía por el personaje. Y con ello vino la granja, o como le decía yo en aquellos tweets, “la maldita granja”. Se supone que el apocalipsis zombie se vive en las calles, en lugares diferentes, no en una maldita granja. Pero bueno, eso es pasado. Aunque nunca le voy a perdonar eso a los escritores (así como nunca perdonaré la sexta temporada de Dexter) ya es hora de que lo supere.

La tercera temporada inició, y la verdad es que no tenía muchas expectativas. Luego de verlo, lo único que dije fue “estuvo cool”. Sí, nada más. Sin duda hubo muchísima acción, muy buenos momentos sangrientos y todas esas cosas que hacen única la serie. Ahora bien, en ninguno de esos momentos sentí tensión, y allí está el problema grave, en mi opinión, con TWD: los personajes.

Tenemos a Lori, y aquí me atrevo a hablar por todos: muere, perra. Sí. Muérete. Y tú también, vieja marica, no me acuerdo de tu nombre en este momento pero sé que te le pasas lloriqueando y tu hija fue estúpida y se perdió y nos arruinó una temporada. Ahora analicen esto ¿cómo es posible que quiera que se muera uno de los personajes principales de la serie? Ya allí hay un error muy grave. Eso no puede pasar desde un punto de vista narrativo. Punto. El personaje más interesante, para mí, es Daryl, y a él deberían darle más tiempo en pantalla. Glenn, el asiático, viene en segundo lugar, y por último Rick, nuestro protagonista, y la verdad es que tampoco me cae de maravilla. Pero por ahí va. Con Andrea, por ejemplo, han hecho un desastre. A veces no sabía si odiarla o quererla. Quizá eso si fue intencional, pero igual, los personajes de The Walking Dead se han vuelto un desastre. Ni hablar de T-Dog, el cual no sabemos absolutamente nada de él. No tiene backstory. Necesitamos saber más para apreciarlo. Si se muere, me importará una mierda también. En resumen, mi problema con la serie, y el de muchos, ha sido ese: la mayoría de sus personajes son desechables. Cuando esto pasa, no importa qué tan cerca esté T-Dog, por ejemplo, de la muerte en algún episodio. La serie no me sacará ningún tipo de emoción, por todo lo que acabo de explicar: no hay simpatía hacia él.

La sigo viendo por el hype. Por seguir la corriente. Porque todo el mundo habla de ella. Lo que sorprende es que muchos consideran The Walking Dead como “la mejor serie que ha existido”, “la mejor serie que he visto”, pues, déjame decirte, no has visto televisión verdaderamente excelente. Y sé que me van a salir aquí con “es cuestión de gustos”, pero háganse un favor y vean alguna serie de HBO o vean Breaking Bad. Vean Homeland. ESO es televisión de calidad. Con esto no quiero decir que TWD es una mierda, no. Es entretenida, da de qué hablar. No es mala. Pero la mejor, ciertamente no lo es. Al menos para mí.

 

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